El dos de mayo de 1810 se produjeron graves sucesos en esta casa,
propiedad por entonces de Marcos Martel. En ella, el alcalde de
Montellano, José Romero, y su familia hacían frente a los franceses de
Maransin en su avance por Algodonales. Una vez incendiada la vivienda,
con su marido, dos de sus hijas y su criado muertos en el asalto, Ana
Dorado, la esposa de José Romero, junto a su hija Jerónima y su hijo
José María se instalaron en Puerto Serrano.
En los protocolos notariales
de Algodonales, conservados en el Archivo Histórico Provincial de
Cádiz, se conservan varias escrituras de venta de fincas por parte de
Ana Dorado, acaecidas entre 1820 y 1821, en la que se anota de forma
explícita su carácter de viuda de José Romero así como su vecindad en
Puerto Serrano, aunque con residencia en Algodonales en esos años.
En 1820 vendió una parcela de más de doscientos pies de olivos, en el
sitio llamado de "Juan Miguel",a María Jesús Merencio. Esta parcela la
había heredado Ana de su hermano, Juan Dorado. También había heredado de
su hermano una casa en la calle Alta, que entre otras características
tenía una hora de agua al día de la fuente alta y que vendió en 1821 a
Manuel García González.
En Puerto Serrano, su hija Jerónima contraería matrimonio con Fernando Álvarez de Rivera y fijaron su residencia en la vivienda-molino localizada en la calle Magdalena, donde hoy se encuentra el antiguo comedor de ancianos "San Álvaro".
En la correspondencia que mantuvo con José Madrazo, Ana Dorado se lamentaría amargamente de que la pensión prometida por los heroicos servicios de su familia se retrasarían durante años, poniéndolos en un serio apuro económico, que probablemente le llevaría a vender estas parcelas.
En Puerto Serrano, su hija Jerónima contraería matrimonio con Fernando Álvarez de Rivera y fijaron su residencia en la vivienda-molino localizada en la calle Magdalena, donde hoy se encuentra el antiguo comedor de ancianos "San Álvaro".
En la correspondencia que mantuvo con José Madrazo, Ana Dorado se lamentaría amargamente de que la pensión prometida por los heroicos servicios de su familia se retrasarían durante años, poniéndolos en un serio apuro económico, que probablemente le llevaría a vender estas parcelas.
De Juan Jesús Portillo Ramos (Historiador Local)



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